Por Alberto Llana Publicado el 21 de febrero de 2016
El nuevo golpe que la Dirección General de la Guardia Civil pretende asestar a los Derechos de los sufridos guardiaciviles se trata de un recorte drástico en lo que a traslados de residencia por motivo de baja médica se refiere. Hasta el momento, si un componente del Cuerpo se pone enfermo o sufre una lesión y su patología requiere cierto tiempo de convalecencia, se puede solicitar un traslado de residencia para otro lugar de la geografía española que permita unas condiciones mejores de cara a la recuperación de la dolencia. Los trámites administrativos a realizar, aunque farragosos, como corresponde a la larga tradición que atesoramos en nuestro país sobre cuestiones burocráticas, suponen un pequeño inconveniente comparado con el fin perseguido y, a la postre, lo que cuenta es la posibilidad de realizar el traslado sobre cualquier otra consideración.-
Con la reforma de la normativa que se pretende, y a buen seguro saldrá adelante, esa posibilidad mentada se complica y mucho, en un intento de aumentar la presión institucional sobre los pacientes porque piensan en las altas esferas que esa 'medicina' resulta tan efectiva como los tratamientos médicos recetados por los facultativos. Y ello me ha recordado un caso ocurrido hace tiempo, cuando todavía no estaban regulados correctamente dichos traslados de residencia.-
Aconteció que un compañero sufrió una rotura en su brazo derecho, con lo que tuvo que ser escayolado y, siendo diestro como era, la facultad de manejarse por sí mismo en las tareas cotidianas se tornaban harto complicadas. Soltero y no teniendo a nadie que le pudiera ayudar, solicitó a su jefe de Unidad fijar su residencia en casa de sus padres, a unos cien kilómetros de donde estaba destinado. Por supuesto, no se le concedió la autorización, con lo que su situación personal se volvió kafkiana. Un buen día, tras resbalarse en la ducha y casi romperse más huesos de los que ya tenía quebrados, tomó la decisión de irse en busca de la atención que precisaba de forma urgente. Tras un par de días sin verle por el cuartel, el jefe de Unidad envió a otro compañero en busca de nuestro protagonista que, lógicamente, no lo halló por parte alguna. Comenzaron entonces las pesquisas para tratar de dar con su paradero y, una vez conseguido, fueron a buscarle con un furgón de presos y una orden de un juez militar para que ingresara en prisión militar acusado de un presunto delito de deserción.-
Imagino a muchos lectores con gesto se asombro ante esta situación y a los 'caimanes' asintiendo mientras piensan “sí, así eran las cosas hasta no hace mucho”. Pues en este punto tenemos al compañero en prisión y acusado de un delito militar, con la cabeza hecha un verdadero lío, de tal forma que pide hora para visitar al psiquiatra que va por el penal alguna vez por semana. Cuando cuenta su historia al médico, éste también se queda perplejo y le aconseja que busque asesoramiento legal inmediatamente. Y es aquí donde recibo la llamada de un familiar suyo que me cuenta lo sucedido y me pregunta qué hacer. Tras analizar las distintas opciones llegamos a una clara conclusión, transmitida al interesado a través del familiar. A resultas de ello, el compañero solicitó ser valorado por un Tribunal Médico (así se llamaban entonces las Juntas Médico-Periciales), que dictaminó su no aptitud para el servicio, pasando finalmente a retiro.-
Este resumen de la historia se basa en hechos contrastados. Los pormenores que este compañero me relató en persona cuando vino a visitarme, son fiel reflejo de la problemática que asola el Cuerpo. La prepotencia del mando, el pasotismo ante los graves problemas de los subordinados, el ansia de control ejercido tras rechazar el traslado de residencia solicitado por guardia, sospechando que en tal situación se sentiría tentado/obligado a adoptar la decisión de ausentarse de su destino y, como no, la falta de comprensión del juez militar que dictaminó su ingreso en prisión para terminar soltándolo, tras archivar el asunto. Cuando se publique la nueva norma que están cociendo en Guzmán el Bueno podrían repetirse este tipo de situaciones, dejando al margen, quizás, el episodio relativo a la prisión militar, lo que me parece una tremenda aberración.-
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